Tiempos difíciles

No se puede minimizar la gravedad del resultado de la elección en EU. El problema no es sólo el triunfo del discurso anti mexicano, sino el conjunto de las posiciones del futuro presidente frente a la economía y a la sociedad.

Toca repensar, reflexionar y buscar nuevos caminos, en particular desde la sociedad civil organizada, para enfrentar las dificultades que se vienen encima. No podemos seguir igual, porque el mundo ya no es igual.

De entrada está claro que la agenda frente a la pobreza y la desigualdad es vigente y cobra aún mayor relevancia y urgencia.  Reafirmamos que México requiere una estrategia de cohesión social que cierre brechas de desigualdad para enfrentar el adverso contexto de empobrecimiento que se avizora en el horizonte, al menos a corto plazo.

Y es que incluso antes de aplicar medidas de política migratoria, el discurso y las amenazas ya realizadas, permiten prever el regreso forzado de algunos de nuestros compatriotas que fueron a los EU y también frenar el flujo –que ya es menor respecto a las décadas pasadas- de quienes se van buscando mejorar su calidad de vida y ahora se prevé no irán o pospondrán su salida.

También puede afectarse el campo de las remesas que complementan el ingreso de muchos hogares, en todos los niveles socioeconómicos.  Sólo la amenaza de “quitarlas” pronostica su reducción, con el consiguiente efecto en los ingresos y empobrecimiento.

Y por supuesto, cualquier medida proteccionista –o incluso cualquier indicio aún antes de su aplicación- que afecte el flujo comercial entre México y EU, seguramente afectará el crecimiento económico de ese país y tendría efectos catastróficos de inmediato en nuestra economía, por mencionar sólo tres aspectos abordados con frecuencia en el discurso de Trump.

Habrá tiempos difíciles. Esta es una crisis y es grave. Pero como en toda crisis se abren oportunidades, por ejemplo para diversificar el comercio, generar nuevas alianzas con actores de EU y de Canadá, reforzar nuestras instituciones democráticas. Como sociedad civil podemos abrir nuevos puentes de colaboración con actores afines de la sociedad norteamericana así como en otras latitudes, sobretodo en Europa y América Latina.

Coincidimos en que necesitamos “estar unidos” en México frente a las amenazas. Pero no cualquier unidad nos fortalece.  Una unidad que mantenga nuestras debilidades institucionalidades frente a la violencia, que permita la corrupción o que profundice la desigualdad social y económica, es falsa e imposible.  Nos debilita.

Ciertamente no es momento de profundizar disputas, pero sólo una agenda de mayor democracia, avance del sistema anticorrupción, fortalecimiento de las instituciones de justicia apegadas a derechos humanos y nuevas políticas de cohesión social que cierren brechas de desigualdad social y económica, nos puede dar fortaleza para la crisis y para construirnos un futuro diferente, mejor.  Encontrar vías de “amplio consenso” para lograrlas en lugar de vías de confrontación, podría ser el reto crucial, sobretodo porque se avecina la elección de 2018. La tentación de que el nuevo “tlatoani” será la solución es ilusoria y puede ser muy riesgosa.

Como parte de la sociedad civil, y siendo un espacio de encuentro de muchas organizaciones y actores ciudadanos, nos comprometemos a promover, animar y encauzar el proceso de reflexión y la búsqueda de caminos.

La agenda de la cohesión social frente a la pobreza y la desigualdad requiere a múltiples actores, puede ser compartida desde variados intereses e incluso puede generar acuerdos sin distinción de partidos e ideologías.  Este es nuestro aporte a una conversación que está haciendo mucha falta para no quedarnos en la depresión, el desahogo o la búsqueda del interés propio.

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