Buenos deseos

Sin instituciones sólidas y efectivas de protección social el país seguirá dividido por la desigualdad y el rencor social.

“Al mal tiempo, buena cara” dice el refrán. Es buen consejo, aunque esta vez hace falta algo más que actitud positiva. Este año se va a requerir esfuerzo e ingenio para que nos vaya bien. El año inicia con pocos buenos augurios. El ánimo es más bien sombrío. Hay demasiada incertidumbre por la economía.

Los primeros trazos —como el alza de la gasolina— no pintan bien. La vehemencia de los mensajes en redes sociales invitando a boicots es digna de mejor causa. Para salir de este escenario adverso se requieren organización y participación constantes desde la ciudadanía. No bastan movilizaciones espontáneas con poca brújula. El problema es más de fondo.

Una economía que crece poco y excluye a muchos está en la raíz de los muchos males. Un Estado incapaz, capturado y fragmentado, no puede controlar la violencia y no puede garantizar los derechos de todos. Una sociedad discriminadora y polarizada, es débil y carece de defensas efectivas frente a agresiones externas o internas. Para que nos vaya bien propongo iniciar por la adhesión a principios fundamentales. Sin ellos la convivencia social carece de cimiento.

Es castillo de arena. Hay que evitar soluciones autoritarias y también hay que superar las trampas más sutiles de la demagogia y la simulación. Propongo iniciar por adherir a principios de la democracia. No sólo para elegir autoridades, sino en primer lugar para someterlas a rendición de cuentas. Un sistema político que sirve para enriquecer a los políticos —y los Duarte son sólo ejemplos, no excepciones— es una cleptocracia, no una democracia. Por eso una de las tareas de 2017 es implementar el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA). No hay que olvidar que el SNA se logró gracias a la presión ciudadana. ¡Las 660 mil firmas y la iniciativa legislativa ciudadana fueron un gran logro! No será fácil o rápido. No hay atajos para la creación de instituciones efectivas.

Pero ahí está la primera roca sólida para salir de este atolladero. También hay que adherir a una democracia con resultados para la gente. Un sistema político basado en la compra masiva de votos y que fomenta la proliferación de programas paternalistas y de todo tipo de dádivas con fines electorales no es democrático, es una simulación y un despilfarro. El crecimiento del gasto social, ejercido a través de miles de acciones pulverizadas, opacas, electoreras y de ocurrencia, no puede generar resultados frente a la pobreza y la desigualdad. La política social necesita una reingeniería a fondo. Se requieren cambios institucionales de raíz.

De entrada urge ya el padrón único de población potencialmente beneficiaria para romper con la discrecionalidad y con la manipulación política del gasto social. La reforma social profunda consiste en construir un sistema de protección social integrado, único y universal. Que esté basado en la garantía de derechos sociales y no en dádivas clientelistas. Sin instituciones sólidas y efectivas de protección social el país seguirá dividido por la desigualdad y el rencor social. El desapego a las instituciones tiene su raíz en la discriminación y la simulación practicadas por décadas —y hasta por siglos, como es el caso con los pueblos indígenas— contra sectores muy amplios de la población.

La adhesión a la democracia como sistema que garantice derechos sociales para todos de manera progresiva y que posibilite llamar a cuentas y sancionar a políticos corruptos de manera institucional resulta menos llamativa que algunos vehementes mensajes de redes sociales. Requiere constancia, creatividad, estar informados. Pero es más efectiva. La adhesión a la democracia va más allá del voto. Pero el voto también es parte de nuestro poder ciudadano. Habrá también que usarlo en su momento. Por lo pronto, les deseo lo mejor en este año y les invito a construirlo.

Buenos deseos